La producción de Silvia Zabaljáuregui nos invita a explorar su universo interno, a ver a través de sus ojos. Se nos muestran ventanas hacia lo que en un principio es una búsqueda que se vuelca de afuera hacia adentro, y luego vira de adentro hacia afuera. De esta manera, se distinguen claramente dos caminos en su producción, dos etapas, dos nociones diferentes del entorno y sin embargo semejantes, haciendo hincapié en la interdependencia de los opuestos. La oscuridad es necesaria para valorar la luz, y es de esa oscuridad que nace la vida, por lo cual, de una forma u otra, siempre hay un foco y es la tarea del entorno construirlo y realzarlo.
Primeramente, descubrimos que su obra se encuentra vinculada con la naturaleza, especialmente frutos y flores vivaces, donde el impacto del color pondera en tamaño y luces, la observación concreta que hace de ellos. A través del lienzo empapa al espectador con imágenes desde etéreas a fuertes y definidas, en esencia cálidas. Su representación de las formas, las luces y sombras, conforman estudiadas composiciones de espontánea creatividad, mostrando así una serie de escenarios mentales, fragmentos de una mirada más inocente.
La etapa que le sucede se identifica por su carácter introspectivo, en la que predomina la figura del ojo; de un ojo nostálgico, de colores fríos y luego cálidos, que insinúa y asimismo lleva un mundo por contar. Se trata de una mirada más abarcativa, holista, hasta por momentos crítica, llamando a la reflexión por medio de elementos figurativos que evocan a lo conceptual. Los ojos se muestran como un portal, como puertas y ventanas a diversas culturas, un universo particular en el que se explora tanto el concepto de las emociones, del tiempo, de la realidad, como la fantasía.
De esta manera Silvia presenta las vivencias de un constante viaje interno. En primera instancia, nos permite volar, jugar, vivir, internarnos en su propia percepción de la flora que nos habla de sus emociones más profundas y trasparentes, para luego invitar al espectador a captar la generalidad de su mirada, mirada intima y metafísica de un universo que brota del espíritu hacia afuera. Así la artista logra delimitar dos trayectos en apariencia diferentes; dos escenarios en los que predomina la veracidad de su capacidad narrativa, y a su vez deja espacio para un insipiente desarrollo hacia nuevas percepciones.
lunes, 13 de julio de 2009
Reseña de arte
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